El pintor alavés Carlos Marcote expone su obra 'La piel de la tierra' en la Casa de Cultura.
Sucede en ocasiones que el óleo no entiende de tonalidades, igual que un pincel no atiende a una escala cromática concreta. Así concibe el arte el experimentado pintor alavés Carlos Marcote, que presentó ayer su exposición 'La piel de la tierra' en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa. La muestra, compuesta por 43 obras, se enmarca en el programa expositivo del Proyecto Amárica de la Diputación, y permanecerá abierta al público hasta el próximo 5 de septiembre.
A lo largo de diversos paisajes a menudo familiares para el ojo alavés, Marcote (Salvatierra, 1950) consigue captar esa belleza invisible de las nubes y claros en cielos, praderas, valles y montañas de nuestra geografía, creando un sutil juego entre la naturaleza y la perspectiva. La muestra es el resultado del trabajo de los últimos cuatro años, en los que el autor ha atrapado esa «corteza» del paisaje con su pincel. El monte Olárizu, la Sierra de Cantabria o las vistas del embalse de Ullíbarri son algunas de las panorámicas que se pueden ver desde ayer en la planta baja de la Casa de Cultura.
«Me interesa perderme por carreteras comarcales y esperar a que aparezca la luz adecuada para captar mis sentimientos. Ésa es mi pasión y mi búsqueda», explica el artista. A pesar de que cada obra corresponde a un punto de la geografía cercana a nuestro entorno, «no me interesa identificar el lugar en el título, no por que quiera ocultarlo, sino porque son lugares anónimos. Dejo a un lado ese carácter localista para centrarme en la luz, la piel y la tierra», reflexiona. Entre las 43 piezas de 'La piel de la tierra' destaca el cuadro de una niña tumbada en la hierba, bajo un suave haz de luz, que corresponde al retrato de la hija de Marcote.
Realizadas en óleo sobre lienzo, tabla y tabla entelada, las obras del alavés nos transportan a paisajes inmaculados y casi mágicos, capturados en formatos de distintos tamaños. Predomina en todos ellos el verde sobre bases de amarillo, azul o gris, todo de color hierba y campo. Y es que en la pintura de Marcote «el vello de la tierra es verde, las postillas son ocres y los apósitos son grises y ceniza», según describe Daniel Castillejo, director del Artium.
Iluminación elaborada
Son vistas con paisajes y cielos muy trabajados, así como una delicada luminosidad. Una ardua tarea que ha tenido al autor enclaustrado en su estudio durante más de ocho horas diarias en los últimos años. «Trabajo a partir de fotografías de los paisajes que capto, después desarrollo las imágenes en el estudio. He invertido un gran esfuerzo en elaborar esta colección», reconoce.
El pintor alavés es una referencia obligada en el panorama artístico del territorio. Marcote inició su andadura hace más de cuatro décadas y exhibe obras en museos y colecciones públicas del contexto vasco, nacional e internacional, desde el Artium hasta muestras en Estados Unidos.
(Imagen: Eduardo Argote)